Grados universitarios: ¿cuántos y cuáles?

Análisis de la oferta de estudios de grado en las universidades públicas y privadas españolas

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Autoria: Albert Corominas y Vera Sacristán
Colaboraciones: Ismael Benito
Edición y diseño: Lluís Forcadell-Díez y Vera Sacristán
Fecha: Enero 2019

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Resumen ejecutivo

En este estudio se analiza la oferta de estudios de grado de las universidades españolas y se compara con la de estudios de ciclo largo y de ciclo corto previos a la reforma que estableció la estructura actualmente vigente (grado, máster, doctorado).

El informe incluye una descripción de las disposiciones legales relativas a los estudios de grado. Según ellas deben proporcionar “una formación general […] orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional”, primando “la formación básica y generalista y no la especialización del estudiante”. La reforma incluyó la substitución del Catálogo de títulos por el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT), lo cual ha tenido un impacto muy relevante en la configuración de la actual oferta de enseñanzas universitarias.

Contiene también el informe un compendio de opiniones sobre los estudios de grado, expresadas en entrevistas y publicaciones y en las que se manifiestan preocupaciones sobre las limitaciones en los recursos disponibles, la duración de los estudios, el número, la diversidad y la orientación de los grados (en particular sobre el riesgo de especialización prematura), el bajo número de estudiantes en algunos de ellos y sobre la empleabilidad de las personas tituladas.

Entre los resultados del análisis de la oferta de estudios de grado cabe destacar:

  • El número de grados creció muy rápidamente en los primeros años de implantación del nuevo sistema (tenían que sustituir a los estudios de ciclo corto y de ciclo largo previos a la reforma) y ha seguido creciendo después: de 2.203 grados en el curso 2011-2012 se pasó a 2.854 en 2017-2018, con un aumento cercano al 19 % (que resulta de incrementos del 11 y del 51 %, respectivamente, en las universidades públicas y en las privadas).
  • De los 2.854 grados del curso 2017-2018, el 74,67 se impartieron en universidades públicas y el 25,37 % en privadas, pese a que estas representaron el 40% de todas las universidades con estudios de grado, con una media de 35,68 grados por universidad (44,40 en públicas y 22,67 en privadas).
  • En el curso 2017-2018, los centros adscritos a universidades públicas impartieron 222 grados (9,92 % de los de estas universidades) y los adscritos a universidades privadas, 44 (5,87 %). En conjunto, los 266 grados impartidos en centros adscritos representaron un 8,90 % del total de grados del curso.
  • La distribución de los grados entre las ramas de conocimiento es muy desigual: Arte y Humanidades, 15,5 %; Ciencias, 8,4 %; Ciencias de la Salud, 13,6 %; Ciencias Sociales y Jurídicas, 35,1 %; Ingeniería y Arquitectura, 27,3 %. Las correspondientes proporciones difieren significativamente entre las universidades públicas y las privadas.
  • El 18/10/2017, figuraban en el RUCT (Registro de Universidades, Centros y Títulos) un total de 2.713 grados con 560 nombres distintos. A los 20 nombres más repetidos (3,57 % del total de nombres) corresponden 897 grados (33,06 % del total); por otra parte, hay 345 nombres (61,61 % del total de nombres) que no se repiten y que corresponden al 12,72 % del total de grados.
  • Hemos formado 134 grupos, que hemos denominado bloques, con los nombres que hemos considerado vinculados a una misma temática (tal como “Arqueología”, “Derecho” o “Protocolo”), con un nivel de agregación que facilitara la comparación de los nombres de grado similares, el análisis de la correspondencia entre el RUCT y el Catálogo y el de los espectros temáticos de los grados ofrecidos por las universidades públicas y las privadas. Se observa que 45 bloques del total de 134 comprenden grados correspondientes exclusivamente a universidades públicas, con una oferta de 350 grados. Entre dichos bloques descuellan los que hemos denominado “Estudios Hispánicos” (con 38 grados), “Estudios Ingleses” (37), “Química” (36), “Geografía” (31), “Matemáticas” (30), “Física” (21), “Estudios Clásicos” (16), “Estadística” (12), “Ingeniería Geomática” (11) e “Ingeniería Marítima” (11). Por ramas, de los 45 bloques ofrecidos exclusivamente por las públicas, 22 son de Artes y Humanidades (57,89 % de los bloques de esta rama), 9 de Ciencias (56,25 %), 1 de Ciencias de la Salud (7,14 %), 4 de Ciencias Sociales y Jurídicas (11,76 %) y 9 de Ingeniería y Arquitectura (28,13 %).
  • Según nuestro criterio, los 560 nombres distintos corresponden a 365 nombres con significados distintos, es decir, 3,15 veces el número de nombres que figuraba en el Catálogo de títulos antes de la reforma.
  • La diversificación de nombres significativamente distintos en el paso del Catálogo al RUCT es muy heterogénea en relación con las ramas de conocimiento: Artes y Humanidades (factor multiplicativo 6,00), Ciencias (3,89), Ciencias de la Salud (1,75), Ciencias Sociales y Jurídicas (3,40) e Ingeniería y Arquitectura (2,08).
  • La oferta de las universidades privadas se concentra en las ramas de Ciencias de la Salud (el 33,65 % de los grados de esta rama se ofrece en la privada) y de Ciencias Sociales y Jurídicas (31,12 %). En cambio, manifiestan menor preferencia por Ingeniería y Arquitectura, Arte y Humanidades y Ciencias, con proporciones del 19,32 %, 18,54 % y 8,27 %, respectivamente.

Así pues, la reforma ha supuesto un gran incremento en el número de nombres de los títulos. Aunque en menor medida, también ha crecido el número de estudios: es decir, el número de grados en el curso 2017-2018 es mayor que el número de estudios de ciclo corto y de ciclo largo que se impartían antes de la reforma:

  • El número de estudios se ha multiplicado por 1,13 en el conjunto de las universidades: por 1,02 en las públicas y por 1,65 en las privadas.
  • El gran incremento en las privadas (285 estudios) resulta de los 112 grados en universidades que no existían antes de la reforma y de un aumento de 173 (39,4 %) en las que ya existían.
  • En 5 comunidades autónomas el aumento relativo de la oferta de estudios, en el conjunto de universidades públicas y privadas, es substancialmente superior a la media: La Rioja (factor multiplicativo 1,48), Madrid (1,47), Cataluña (1,30), Navarra (1,28) y Cantabria (1,26). En cambio, en 7 comunidades autónomas el incremento ha sido negativo, con la mayor disminución (factor multiplicativo 0,87) en Galicia.
  • En lo que respecta a las universidades públicas solo 2 comunidades autónomas se sitúan muy por encima del valor medio de crecimiento de la oferta de estudios (factor multiplicativo 1,02): Madrid y Cataluña (1,31). El País Vasco (1,03) presenta también un valor superior a la media, pero muy próximo a ella. En el otro extremo, el factor correspondiente a Navarra es 0,75.
  • Entre las universidades públicas, los factores multiplicativos de la oferta más altos corresponden a la Universidad Rey Juan Carlos (3,24, el máximo en el conjunto de públicas y privadas), la U. Pompeu Fabra (2,15), la U. Politécnica de Cataluña (1,46) y la U. Autónoma de Barcelona (1,37). En el extremo opuesto se sitúa la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (0,72).
  • En cuanto a las universidades privadas, excluidos las comunidades en que no había universidades de este tipo antes de la reforma y las universidades que entonces no existían, el factor multiplicativo de la oferta más alto (3,20) corresponde a Aragón, cuya única universidad privada es la San Jorge.

Llama la atención el elevado número de grados múltiples ofrecidos por las universidades (734 en 2017-2018).

Desde un punto de vista cualitativo cabe afirmar que la actual oferta de grados de las universidades españolas resulta:

  • Insuficientemente inteligible (para estudiantes, familias, instituciones y empresas) en cuanto a los objetivos de formación de los estudios de grado en general y, como consecuencia de los nombres que los identifican, en cuanto a los objetivos específicos de algunos grados.
  • Heterogénea en lo que respecta a:
    • Amplitud del ámbito temático.
    • Alcance de los conocimientos impartidos.
    • Presumible vigencia temporal del objeto de estudio característico del grado.

Teniendo en cuenta opiniones, estudios y nuestro propio análisis, el informe finaliza con cuestiones, conclusiones y recomendaciones:

  • Cabe dudar de que todos los grados que ofrecen las universidades españolas puedan alcanzar los objetivos de formación generalista, capacitación para el ejercicio profesional y empleabilidad a largo plazo de las personas tituladas.
  • El sistema no resulta totalmente comprensible en lo que se refiere a los objetivos de formación ni sus características facilitan la comparación de unos grados con otros.
  • El número de nombres distintos de los grados registrados parece excesivo y debería reducirse mediante la planificación y la cooperación de las universidades entre sí y con las administraciones.
  • La política de oferta de grados múltiples debería revisarse críticamente, ya que su elevado número puede ser un indicativo de deficiencias en la configuración de la oferta del primer ciclo universitario.
  • La implantación de grados en lenguas extranjeras requiere definir mejor los objetivos que con ello se pretende alcanzar y asegurarse de que se dispone del personal docente apropiado.
  • El incremento incesante del número de grados ofrecidos, si fuere necesario, no puede llevarse a cabo, sin detrimento de la calidad, si no se dispone de los recursos necesarios para ello.
  • La existencia de los denominados grados propios no parece justificada e introduce un elemento más de confusión que dificulta la comprensibilidad del sistema.
  • La propuesta de introducir un ciclo corto en la formación universitaria hace necesario un debate sobre la relación entre la formación universitaria y la formación profesional en el que se valore la conveniencia de que determinados títulos universitarios de grado se adscriban al ámbito de la formación profesional superior.

La ya larga y amplia experiencia en la implantación de los estudios de grado permite valorar sus virtudes y sus defectos con el fin de proponer medidas de mejora. De nuestras consideraciones parece desprenderse que para llevarlas a cabo no serían necesarios cambios legislativos generales, sino principalmente que las administraciones y las universidades públicas asumieran cada una las responsabilidades que les corresponden e iniciaran un trabajo conjunto que desembocara en las reformas pertinentes.

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